Mil hojas chilena
Finas capas de hojarasca y manjar. La firma de la casa.
Detrás de cada mil hojas hay una casa con parrón en Angol, al sur de Chile, y una familia entera cocinando junta. Esta es la historia de Patricia, y la de Rosselot.
Patricia Rosselot creció en Angol, en el sur de Chile, donde la cocina era el centro de la casa. En los veranos, su padre, Mario Rosselot, reunía a la familia bajo el parrón para preparar lo que se guardaba para el invierno: mermeladas con la fruta de la temporada, y conservas de maíz y habichuelas. Una mesa inmensa donde trabajaban juntos padres, abuela y familia.
De su madre, Ketty Trippel, aprendió a cocinar; su abuela, Raquel Lizama, terminó de formarla. Las recetas le llegaron por herencia: pastel de choclo, humitas, sopaipillas, pan amasado, cazuela. Y las mermeladas de membrillo y rosa mosqueta, inolvidables por el proceso y por el sabor.
El refinamiento venía en la sangre y en el paisaje: un abuelo suizo, ascendencia francesa y una zona rodeada de familias europeas, donde la fruta se sacaba del árbol, la leche y los quesos se hacían en casa, y comer era una manera de estar juntos. «Cocinar ha sido para mí crear momentos de familia inolvidables», dice Patricia.
Patricia llegó a Panamá en 1990. La embajada de Chile le encargó las comidas de sus eventos y, al despedirse del país, la embajadora le regaló un libro de repostería con una frase que resultó profética: «Tus sabores son maravillosos. ¿Y si pruebas hacer postres?».
La idea nació en un carro camino a la playa, el año en que abría el primer megamall de Panamá. ¿Será que hay kioscos de café y galletas? Me encantaría vender pasteles chilenos. Le explicaron que eso era un negocio de impulso. «Listo, yo quiero eso».
Patricia se formó a su manera, autodidacta y a pulso: volvió a Chile a estudiar procesos de pastelería y le pagó a una pastelería en Argentina para aprender el oficio de ser empresaria. El primer día de funcionamiento de Rosselot, la mitad de las masas salieron crudas. Durante los primeros años, cada jornada era producir, hornear, manejar y llegar al kiosco a atender. De esos comienzos viene la regla que sigue mandando: hecho fresco cada día de horneo, de lunes a sábado, con amor, como en casa.
«Muchas veces me preguntan qué significa Rosselot. Yo, con orgullo, digo: es mi apellido. Emigró para quedarse.»
Patricia Rosselot
Tradición que se comparte.
Patricia llega a Panamá desde Chile, con un año de estudios de cocina y las recetas de su casa.
Nace Rosselot: en diciembre abre el primer kiosco en Multiplaza.
Abre la casa de Town Center.
Town Center se muda dentro del mismo mall, a la Torre Sur, nivel M3, frente a Fuzion Salón.
Dos vitrinas, y lo que sale del horno de lunes a sábado. Y los nietos, que ya piden su tortita de cumpleaños.
Finas capas de hojarasca y manjar. La firma de la casa.
De carne, horneada, como en el sur de Chile.
Tres leches, naranja, chocolate. Para celebrar y compartir.
Todo lo que hacemos, lo hacemos con mucho amor. Pásate por la vitrina o encarga algo para compartir en familia o con amigos.